No es nuevo que, en ésta intolerante sociedad en la que nos está tocando vivir, aparezcan de entre las sombras que cohabitan, cobardes personajes que amparados en la noche y en la falta de casta para dar la cara, lo hagan con la intención de lanzar sus anónimas misivas a costa de dañar el patrimonio moral y estructural de quienes no piensan como ellos.
Pero, desgraciadamente no es nuevo, y no deberíamos caer ni tan siquiera -por difícil que sea contenerse- en la tentación del reproche. Baste el desprecio más absoluto y la indiferencia para mostrar la más enérgica repulsa. Que aparezcan proclamas ofensivas en la puerta de un templo ni es nuevo, ni debemos elevarlo a conflicto. No deja de ser un echo puntual y aislado puesto que, no se especifica el destinatario de la misma en el último caso conocido, como es el de la nueva puerta parroquial de S. I. de Loyola. Probablemente, el descerebrado autor, no sea capaz de representarse a sí mismo. Máxime si tiene cuentas pendientes con algo o alguien. Con lo fácil que es concertar un careo, exponer los diferentes puntos de vista y, de ser posible, establecer la reconciliación. Pero, para eso, hace falta vestirse por los pies...
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Marzo de plata
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Hoy se tiñe de morado una esquina de la ciudad, la que traza en las calles
de la infancia el kilómetro cero de los días de reencuentro con la propia
verdad...
Hace 9 años
