Que nadie se sobresalte. No, este diputado no es hermano del Polígono, pero
no ser hermano de número de una hermandad no quita que sí se pueda ser de corazón. Y más cuando pasan las cosas que pasan. Verán, les cuento.
Este año y por razones de salud de un familiar muy querido, mi Semana Santa ha sido alejada de Sevilla. Afortunadamente, existen internet y la radio para vivirla, no igual que aquí, pateando las calles, pero sí lo más cerca posible. No sé cómo nuestros mayores podían soportar los alejamientos sin las tecnologías de ahora. ¿Se imaginan toda la Semana fuera de Sevilla y sin noticias de lo que está pasando? Bueno, lo cierto es que, a pesar de todo y gracias a Dios, uno vive en la época que vive.
A lo que iba. El Lunes Santo por la mañana tocaba revisión médica y vinimos a Sevilla a hacerla con la natural preocupación. Era, recuerden, un día gris. En el camino, por la radio, escuchamos que el Polígono iba a salir. ¡Uff, qué valientes! A la salida de la cita con el médico y alegres por las muy buenas noticias, el día ya no parecía tan gris, a pesar de las muchas nubes. En la radio, el Polígono en la calle y Santa Genoveva saliendo. Parece que el día va a ser bueno.
A la salida, camino de Córdoba por Kansas City, el corte de la Avenida del Greco. ¿Y si…? No, va a ser imposible. Coge por la primera a la derecha. No vamos a poder dejar el coche…. Y allí, a escasos veinte metros de los capirotes negros, un aparcamiento perfecto. ¡Nos esperaba a nosotros! Venga, se escuchan los tambores.
Y salimos a La Soleá, enfrente de la Iglesia del Pilar. Tú venías poderoso, andando, rodeado por la gente de tu barrio. En un momento reviví toda la historia que nos une. Te conocí en la película, como muchos. Me acordé de esa otra noche de otoño cuando, por razones de trabajo, mi amigo el inglés (uno de esos guiris que viene a Sevilla a trabajar por unos meses y se queda para siempre, casado con una sevillana, con una hija sevillana y nazareno de Vera-Cruz y Los Servitas, ahí es ná) y yo nos encontramos con Tu Madre en Su primera salida: “Oye, ¿eso no es un paso de palio?”. Desde entonces, no he faltado a casi ninguna salida (incluyendo el año que no hubo pasos por aquello de ayudar a la parroquia), primero en primavera y otoño y luego sólo en primavera, ni a los víacrucis ni a los besamanos.
He seguido de cerca el largo y difícil proceso para ser hermandad, más duro que en otros casos, pero al final, el mérito siempre obtiene lo que se merece. Me ha gustado ir, aunque me cae lejos, al Polígono donde me he encontrado como en casa. Además, ¡qué mejor preludio de la Semana Santa! Para mí, la Semana Santa empezaba en el Polígono (¡lo que se han perdido estos años los ortodoxos!).

Como decía, Te acercaste poderoso y, claro, no podía ser de otra manera, Te paraste a pocos metros de donde estábamos, para que pudiéramos cruzar las miradas. Fueron sólo unos segundos, había prisa por llegar al centro, pero suficientes para decirnos tantas cosas…. Luego, seguiste Tu camino y fuimos a buscarla a Ella. Andamos contracorriente, contra todo ese barrio que, con sus mejores galas, os acompañaba, presto y caminando ligero. ¡Que todavía haya cofrades que defienden que las hermandades de barrio deben quedarse en ellos y realizar allí su estación de penitencia! ¡Qué ciegos! A ver si se enteran de una vez que los barrios, el día de la salida de su hermandad, aprovechan para presentarse ante la ciudad con lo mejor que tienen, su cofradía. Es un día de integración y de unidad barrio-ciudad, que nadie lo impida jamás.

Tu Madre venía por la esquina del pabellón, andando con rapidez, para encontrarse pronto contigo. ¡Qué bien andan los pasos de palio cuando andan de verdad! Guapa, bellísima, pasó como un suspiro. Volvimos al coche con los corazones reconfortados. Nos esperaban los dos pedacitos de cielo que nos habéis regalado. Después, pasó lo que pasó. Las lágrimas de alegría por las buenas noticias se confundieron con aquellas de tristeza por la lluvia que empezó a caer.
Y vinieron las críticas, injustas y crueles. Yo no sé si tus hermanos se equivocaron o no, no sé si pecaron de imprudentes o pagaron la novatada (¡bendita locura!). Sí que me puedo imaginar el dolor de una Cuaresma sin iglesia. Y sí sé que elegiste a mi hermandad del Polígono para citarte ese día con tantos y tantos, entre ellos nosotros, que necesitábamos de Ti. Por eso, la decisión de salir o no es tan complicada, porque no se limita sólo a una cuestión de conservación del patrimonio. Ese Lunes Santo, mucha gente del Polígono se mojó, niños y mayores, pero seguro que se sintieron orgullosos de su hermandad y de su barrio. Y a muchos otros quisiste tocarnos el corazón…
Para nosotros, fuiste nuestra Semana Santa. Y con el Polígono tuvo que ser.diputadocruces@yahoo.es
A toro pasado, todos tenemos nuestra particular opinión de lo sucedido, o de las medidas más oportunas que se debieron tomar, pero la realidad de cada cofradía viene marcada por las normas internas que para la Estación de Penitencia tengan redactadas, así como para lo emanado del Libro de Reglas de la Corporación.
Yo no me escondo, firmo con mi nombre y el apellido más conocido, tengo un número de hermano que comienza por la primera centena, me puedo jactar de conocer bien a fondo el sistema regidor de mi Hdad. y el funcionamiento de la cofradía en el calle, que pese a todo, queda supeditado a las decisiones finales que pudiesen adoptar el Cabildo de Oficiales previo a la salida, o las decisiones puntuales a las que hubiesen de atender con el cortejo en la calle.
A los hermanos, sólo nos queda obediencia y respeto ante la resolución adoptada por nuestra Junta de Gobierno, que entiende tener a bien iniciar la Estación de Penitencia, para lo cuál adoptamos las providencias que nos indican los máximos responsables, tanto de la Hdad. como de la propia cofradía en la calle.
Que lo acontecido pudiera haber sido solventado de otro modo, que los hermanos tenemos derecho a saber la realidad de lo ocurrido, que nos extraña las contradicciones públicas en los medios de comunicación, son cuestiones de las que no podemos sustraernos, así como que nos asaetan otras preguntas, pero que deben ser tratadas con el mayor de los respetos, por quienes tienen el deber de dar respuestas o aclaraciones, y en el Foro indicado para ellos, que no es otro que la Asamblea de Hermanos, constituida en un Cabildo General.
El insulto, la mofa, el desprecio, debían haber sido tenidas en consideración por los editores de ésta página, centrada desde sus inicios en el único interés de las cifras, por encima del sentimiento de las personas que sentimos con dolor, como se nos acribilla institucionalmente, por algo que pudiera ser fruto de un error, pero que aquí, no nos encontramos en disposición de juzgar, por no ser ni el lugar, ni estar compuesto por las personas que verdaderamente pudieran hacerlo.
Entiendo, respeto y valoro, la necesidad de poder libremente hacer crítica, ya sea constructiva o ácida, de todas se puede aprender, pero ni los modos, ni las formas son en la mayoría de los casos las más afortunadas, y son culpables tanto los editores de la web, como aquellos que sin reparar en los que componemos la masa social y cristiana de nuestra Hdad. asistimos con profunda pena a como se ensucia alevosamente y de forma impune a los que profesamos la fe, con la cruz trinitaria en nuestro pecho.
Vociferar sobre ridículas sanciones es una prueba más del escaso nivel de ésta web, centrada en alimentar la polémica y consentir lo que está consintiendo.
Ni los ejemplos del ayer, ni las actuaciones de otros, ni nuestro pasado como Agrupación Parroquial o Hdad. son puntos sostenibles para analizar lo que ocurrió. Ha sucedido, y a buen seguro servirá en el futuro para aprender.
No me gustan las excusas, soy de los que afronta, y tras toda esta sarta de incalificables comentarios, me veo en la necesidad de dar la cara por mi Hermandad, compuesta por personas, hombres, mujeres y niños que sufrimos un violento aguacero el lunes, y un terrible chaparrón ahora, de forma inmisericorde. Si hubiere de darse el caso de depurar responsabilidades, seremos los hermanos quienes las solicitemos, pero debemos ser en éstos momentos reflexivos, y aguardar a ser informados.
Detrás de cada cargo, hay una persona,detrás de cada nazareno, acólito o costalero, un hermano; reparen en ello por un momento.